Por Wens Silvestre
El
balance de Keiko Fujimori presenta avances que deben verificarse. La siguiente
etapa exige demostrar cómo mejoran la seguridad, los servicios públicos y la
protección frente a El Niño.
Las
expectativas también comprometen a quien gobierna. Cuando las promesas avanzan
más rápido que las soluciones, la confianza se desgasta. Tras sus primeros cien
días en la Presidencia, Keiko Fujimori tiene la responsabilidad de acercar lo
ofrecido a la experiencia cotidiana de los peruanos. Su mensaje del 5 de
noviembre presentó cifras y acciones que merecen una evaluación seria. La
prueba de su gestión será demostrar cuánto contribuyen a resolver los problemas
de la población.
La
presidenta sostuvo que cien días son insuficientes para superar dificultades
acumuladas durante años, pero permiten mostrar una manera de gobernar. El
argumento es razonable. En ese plazo cabe exigir prioridades claras, equipos
competentes y capacidad para ejecutar decisiones. También corresponde explicar
qué compromisos avanzaron, cuáles se retrasaron y qué se hará para corregirlos.
Ese debe ser el criterio para evaluar esta primera etapa.
El
balance exige una crítica precisa. Las acciones reportadas merecen examinarse
por su alcance y sus efectos. Para ello, es necesario distinguir los recursos
movilizados, las intervenciones concluidas y los beneficios que efectivamente
recibe la ciudadanía. Esa distinción permite reconocer los avances sin
confundirlos con problemas resueltos.
La
seguridad constituye la prueba más urgente. Fujimori afirmó que el promedio
pasó de 7,5 a 6,5 crímenes diarios y reconoció: “No hemos vencido al crimen
aún”. Informó, además, sobre capturas, organizaciones desarticuladas y medidas
penitenciarias. La cifra requiere una explicación pública de su fuente, los
periodos comparados y los delitos comprendidos. Solo con datos consistentes
podrá determinarse si existe una mejora sostenida y dónde se concentra.
La
eficacia de esta política debe evaluarse también por la reducción de las
extorsiones, la protección de quienes denuncian y la solidez de las
investigaciones. Los operativos necesitan inteligencia, continuidad y
coordinación entre policías, fiscales y autoridades penitenciarias. La
prioridad es que las personas puedan trabajar, desplazarse y emprender sin
amenazas. Ese objetivo debe orientar tanto las decisiones como la rendición de
cuentas.
Frente
a El Niño, la presidenta reportó S/ 1.500 millones invertidos en prevención,
179 kilómetros de ríos descolmatados y un avance del 85 % de lo programado en
esa intervención. También mencionó defensas ribereñas, puentes y lugares
identificados para instalar albergues. Son afirmaciones concretas cuyo
cumplimiento y utilidad deben verificarse en cada territorio.
La
gestión debe concentrarse en concluir las intervenciones críticas y comprobar
su funcionamiento antes de que las emergencias desborden la capacidad de
respuesta. Esto exige coordinación continua con gobiernos regionales y
municipalidades, información accesible y decisiones oportunas para resolver
obstáculos. La prevención también debe atender sequías, incendios y pérdidas
agropecuarias, con especial atención a las familias que disponen de menos
recursos para recuperarse.
En
obras y servicios públicos, Fujimori destacó la reactivación de proyectos y el
desbloqueo de 71 iniciativas de agua y saneamiento en 21 regiones. Resolver
trabas puede constituir un avance importante, especialmente después de años de
paralización. Su valor social se concretará cuando las obras funcionen y sus
beneficiarios reciban efectivamente el servicio.
Por
eso, la gestión debería priorizar proyectos viables y asegurar los recursos
necesarios para operarlos. Un establecimiento de salud requiere personal,
medicamentos, equipamiento y mantenimiento. Un sistema de agua debe garantizar
calidad y continuidad del suministro. La planificación tiene que abarcar esas
condiciones desde el inicio: una infraestructura que funciona de manera
deficiente prolonga la frustración ciudadana y compromete nuevos recursos.
En
economía, el mensaje reunió indicadores actuales y expectativas. La presidenta
destacó una tasa de desempleo de 4,4 % en Lima Metropolitana, proyecciones de
crecimiento del 4 % entre analistas consultados por el BCR y recursos
adicionales para 2027. Cada dato necesita su contexto: el desempleo de Lima
tiene un alcance territorial específico, las proyecciones están sujetas a
incertidumbre y los recursos anunciados deberán convertirse en intervenciones
eficaces.
La confianza económica debe favorecer la inversión productiva, el empleo de calidad y las oportunidades fuera de la capital. Esto requiere infraestructura útil, mejores servicios y condiciones que faciliten la actividad de las pequeñas empresas. Los apoyos temporales frente a desastres pueden aliviar pérdidas, siempre que tengan destinatarios bien identificados, criterios transparentes y financiamiento sostenible. Su diseño debe contribuir a la recuperación de las familias y de sus medios de vida.
Todas
estas prioridades dependen de una misma condición: la capacidad del Estado para
ejecutar bien. La presidenta debería exigir a cada ministerio un conjunto
acotado de metas, responsables identificables y plazos realistas. Un registro
público de compromisos permitiría seguir el presupuesto, el avance físico y la
población atendida. Explicar las desviaciones y corregirlas a tiempo daría
credibilidad a ese seguimiento.
La
conducción política es parte de esa capacidad. La herencia recibida ayuda a
comprender las dificultades, pero gobernar exige asumirlas y actuar sobre
ellas. La relación con el Congreso y las autoridades territoriales debe
producir acuerdos concretos, respetar la fiscalización y abrir espacio a la
crítica informada. Escuchar a las comunidades afectadas también permite
detectar fallas que los informes administrativos pueden pasar por alto.
El
balance de los cien días ofrece compromisos que ahora deben someterse a
seguimiento. La próxima rendición de cuentas debería mostrar qué cambió, para
quiénes y con qué recursos, además de explicar las decisiones adoptadas cuando
algo falló. Así será posible evaluar la capacidad del Gobierno para sostener
los avances y corregir el rumbo.
Fujimori
tiene la responsabilidad de formular compromisos realizables y cumplirlos con
transparencia. La confianza se fortalecerá cuando las cifras oficiales
encuentren respaldo en hogares protegidos, servicios que funcionen y ciudadanos
que puedan vivir con menos miedo. Allí se medirá el valor de estos primeros
cien días.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario