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viernes, 31 de agosto de 2007

Sentido del Humor


Por: C.W. Metcalf

Laborando como voluntario para ayudar a enfermos desahuciados conocí a Roy, un señor de 76 años, cuyo cáncer de colon había invadido su pálido aspecto. -Ah, otro calvo como yo -bromeó cuando nos presentaron-. Seguramente nos vamos a entender.

Lejos de eso, a él le molestaba mi nulo sentido del humor y a mi sus chistes me parecían sin gracias. Desde pequeño había aprendido que la vida puede ser impredecible y dolorosa. Por ello me costaba animarme y me la pasé escondiéndome tras una falsa sonrisa.

Una tarde cuando lo ayudaba a volver del cuarto de baño, vi que su rostro se contraía por el dolor. -Pronto vendrá su médico -le dije-.Le ayudaré a cambiarse ese pijama de Mickey Mouse por algo más serio.

-Me gusta este pijama -susurró-. Mickey me recuerda que aún puedo reír, y eso es más de lo que el médico ha hecho por mí. Quizá usted debería comprarse uno de Tribilín. -Roy rió: yo no-. Es usted la persona más deprimente que he conocido - me dijo.

Aquello me puso triste y me preocupó. Después de eso, dejé de laborar con Roy y terminé el programa de capacitación sumido en el aturdimiento y la indiferencia. El último día estuve en el programa, me enteré que Roy había muerto.

Él había dejado una bolsa para mí. Dentro de ella, una camiseta deportiva decorada con la sonriente cara de Tribilín. Traía una nota: "Póngase esta camiseta al primer indicio de estar tornándose demasiado en serio. O sea, úsela siempre. Roy"

Entonces sí que reí. Y entendí lo que Roy había estado tratando de decirme. El sentido del humor era la herramienta básica para la sobrevivencia que necesitaba desesperadamente en mi vida. A todos nos hace falta tomar todo lo que nos afecta, aún el dolor, con un poco menos de seriedad. El sentido del humor puede romper con la tensión de una crisis.

Hacer una lista de ocasiones alegres es una manera sencilla de desarrollar entereza para afrontar las pruebas que nos presenta la vida. Cuando empecé a hacer la mía, esta constaba sólo de tres renglones. He tratado de identificar situaciones de especial alegría. Después de 8 años, mi lista ya tiene 300 anotaciones.

Todos deseamos ser considerados sabios, no tontos; triunfadores, no perdedores. De modo que, cuando metemos la pata, la mayoría quisiéramos desaparecer. En lugar de ello, hay que buscarle el lado gracioso a la situación.

Un amigo, que es supervisor en una planta de energía nuclear, me contó que en cierta ocasión tuvo que acudir a toda prisa a su lugar de trabajo para resolver una emergencia que se había presentado y que, al llegar fue recibido por las cámaras de los noticiarios de televisión. "Cuando me vi esa noche en el programa de noticias, quedé horrorizado", me dijo entre risas. "Había salido de casa tan apresuradamente que me había puesto al revés el peluquín. Parecía que traía un animal muerto en la cabeza".

Qué razón tuvo mi abuela cuando me dijo: "Si no tienes sentido del humor, tal vez tú mismo carece de sentido". Así que o empiezas a buscarlo o terminas poniéndote una camiseta de Tribilín como hice yo.


De: Lo más Selecto del Pensamiento Universal

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