martes, 6 de abril de 2021

Reflexión final: Elecciones Generales 2021


Estamos a cinco días de un nuevo proceso electoral que nos permitirá seguir fortaleciendo la incipiente democracia peruana. Cada ciudadano tendrá la oportunidad de decidir y elegir un candidato de su preferencia, en principio para reafirmar nuestro compromiso con el respeto de los derechos fundamentales de  la vida y las libertades, y los derechos sociales y económicos.

La democracia es el único sistema político en la cual cada ciudadano, sin distinción, tiene el poder de decidir libremente, a quién le da su voto de confianza en un proceso de elección de autoridades, que en nuestra representación, tomará decisiones observando las atribuciones que le confiere la Constitución y las leyes.  Dirigirá el Poder Ejecutivo y definirá quiénes conformarán la Representación Nacional. En ese contexto, es imperativo que cada ciudadano emita un voto responsable y objetivo.

El Perú ya no está para experimentos que fracasaron en muchos países y subsisten en algunos otros, como malos ejemplos. En ese sentido, el ciudadano debe observar y reflexionar a quién le dará su voto de confianza. Basta de engaños y agendas populistas e irresponsables.

Es sabido que, en nuestra incipiente democracia, subsisten fallas y puntos críticos propios de una sociedad como la nuestra, una de ellas, y la más grave, la corrupción, que es más bien un problema a resolverse a largo plazo, porque lamentablemente es un mal institucionalizado, cuya responsabilidad la debemos asumir todos los ciudadanos.

Un mecanismo para ir resolviendo el problema crónico de la corrupción, es a través de la autoevaluación permanente de cada acto y decisión que hayamos asumido en nuestra cotidianidad. Esta autoevaluación te permitirá ver que en algunos de esos comportamientos, se manifiesta algún elemento que te hace susceptible a la corrupción. Esos rasgos tenemos que quitar de raíz, sí realmente queremos como sociedad, estar libres de corrupción. Ese es un ideal para avanzar más rápidamente, hacia un país con menor corrupción, sin pobreza, más justo y más desarrollado.

Muchos candidatos presidenciales y parlamentarios, algunos sectarios, asumen que cambiando la Constitución Política, se solucionarán los problemas de la pobreza, la inseguridad, la corrupción, entre otros males de la sociedad. Esa es una falacia, que más bien forma parte de una estrategia que persigue otro fin, que es llegar al poder para destruir lo poco que se avanzó, entre otros, en la lucha contra la pobreza y pobreza extrema.

Existen candidatos con ideologías nocivas para la gente, dado que persisten en la fantasía de solucionar todos los problemas que atañen a la sociedad con una lista de buenas intenciones, que resulta, electoralmente, apetecible para los ciudadanos, aprovechando que se encuentran en una situación complicada, como consecuencia de las medidas implementadas para enfrentar la crisis sanitaria que destruyó millones de empleos y quebró empresas. Ante esa realidad, los candidatos ofrecen de todo, sin mencionar el cómo, ni considerar el escaso margen de los recursos que dispone el Estado para atender todos los problemas, con el pasivo de un Estado paquidérmico y enfermo. Los ofrecimientos son diversos, para congraciarse con la población electoral, ofrecen aumento de sueldos, bonos para todos los gustos, y por supuesto aprovechan la oportunidad para ofrecer eliminar la pobreza y miseria, solo cambiando la Constitución.

Recordemos que las sociedades que abrazaron las ideologías del "comunismo" o el "socialismo", fracasaron y conocemos cuál ha sido su destino final. Estas ideologías al no sostenerse en evidencia científica, se sostiene en la creencia, en la fe, de un ideal que nunca funcionará, y eso es lo que representan los partidos de izquierda tradicional peruana, con pregonan sus ideas trasnochadas y destructivas, que vende la idea de redistribuir la "riqueza" que no saben producir y no existe, que les encanta más bien destruir la economía para crear más pobres y así enquistarse en el gobierno y en  el Estado, a través del clientelismo político, mantenido con los escasos recursos del Estado, como en el caso de Venezuela. Destruir por odio y resentimiento a los inversionistas y empresarios que sobresalen para lograr su objetivo de "igualdad". Una "igualdad" que se resumen en que todos permanezcan pobres y restringidos en sus derechos fundamentales y libertades, sin embargo, favoreciendo el enriquecimiento de los allegados y dirigentes de un supuesto gobierno "inclusivo" "del pueblo" "progresista" "de izquierda", es más bien una inecuación,  cuya ruta no sirve para sacar al país adelante.

Los que abrazan ideologías trasnochadas en la práctica son los más egoístas, son los que aspiran y usan su ideología, que ni ellos lo creen porque en la práctica, hacen uso y viven como los que dicen "odiar". Hablan por ejemplo, de una educación gratuita para todos, proporcionado por el Estado intervencionista, cuando en la menor oportunidad, en la práctica son ellos los primeros en aspirar a que sus proles estudien y se formen en las escuelas o universidades privadas, tanto nacionales como extranjeras. 

Los políticos con ideologías trasnochadas, generalmente, son incoherentes entre lo que piensan, dicen y hacen. Esa es la realidad de los ahora se hacen llamar "progresistas" (antes...).

En ese contexto, emitir un voto responsable, implica decidir pensando en quién podría ser el mejor ciudadano, para asumir la responsabilidad de un cargo de elección en la organización del Estado, en principio que nos garantice nuestros derechos fundamentales, como la vida, nuestras libertades y derechos sociales y económicos. Elegir solo basándose en ideologías (que no funcionan, más que para crear más pobreza, destrucción y división social), es mala consejera. Elegir con el hígado, es mala consejera. Elegir por envidia o por el deseo de destruir al resto, es muy mala consejera. El voto responsable, implica votar por el que tiene mejores credenciales para liderar un gobierno eficaz, abierto y justo, al margen de las preferencias.

También debemos tener claro que quienes resulten elegidos en este proceso electoral no van a resolver de la noche a la mañana los problemas estructurales del país, pero sí elegimos con responsabilidad, estos lograran mejores resultados, sin duda.

Reitero, la propaganda de los que promueven ideologías trasnochadas, pueden resultar apetecibles y seductoras ante el oído del elector, porque ofrecen solucionarte todos tus problemas, como por arte de magia y con una varita mágica. Eso es para tener mucho cuidado, porque sabes muy en el fondo de ti, que te están vendiendo "sebo de culebra". 

La realidad es que gobernar un país y solucionar los problemas más álgidos de la población, no basta con los buenos deseos de unos pocos, sino requiere de las voluntades de todos, del esfuerzo y trabajo de todos.

Amigo y ciudadano, si bien tenemos una variedad de candidatos presidenciales y parlamentarias que, más que líderes y sabios, se han sumido y confundido entre las múltiples expectativas de la población, que pueden ser legítimas, sin embargo, es nuestra obligación votar y elegir al mejor. Aquel que haya sido coherente entre su trayectoria, sus propuestas y su discurso. Vale la pena correr el riesgo votar por el más coherente. En consecuencia, este 11 de abril, vota pensando en el bien del interés general, incluso dejando a un lado tus intereses personales y partidarios, y más bien pensando en el interés nacional.

¡Que Dios y su sabiduría nos ilumine!

Gráfico: UPC

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